Escándalo nacional: Milei activa la emergencia por incendios dos meses tarde… obligado por la presión patagónica
31.01.2026
Después de más de dos meses de incendios descontrolados y 230.000 hectáreas arrasadas, el presidente Javier Milei firmó un DNU declarando emergencia ígnea. La medida, exigida por gobernadores, evidencia la lentitud y reactividad del gobierno frente a la crisis socioambiental.
La emergencia que llegó tarde: Milei declara desastre por incendios solo tras presión política patagónica
En un acto de respuesta tardía y forzada por la presión política, el presidente Javier Milei firmó este jueves un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) declarando la Emergencia Ígnea y zona de desastre en cuatro provincias patagónicas devastadas por incendios forestales. La medida, que abarca Chubut, Río Negro, Neuquén y La Pampa, llega después de más de dos meses de fuego incontrolado y con un saldo crítico de más de 230.000 hectáreas afectadas, exponiendo la inacción inicial del gobierno nacional frente a una de las crisis ambientales más graves de la última década.
La decisión fue tomada tras una reunión de la Mesa Política oficialista y responde directamente al reclamo urgente de los gobernadores patagónicos, quienes venían exigiendo desde hace semanas “una herramienta concreta y de aplicación inmediata” para enfrentar una catástrofe que “no reconoce límites jurisdiccionales ni partidarios”, según había señalado el gobernador de Chubut, Ignacio Torres.
Una declaración que debió llegar antes
La cronología de los hechos revela un patrón de negligencia institucional: mientras las llamas avanzaban sobre bosques nativos, pastizales y comunidades rurales durante diciembre y enero, el gobierno nacional demoró su respuesta hasta que la presión social y política se hizo insostenible. Los mandatarios provinciales habían solicitado incluso que el tema fuera tratado en sesiones extraordinarias del Congreso, ante la falta de acción ejecutiva.
“Necesitábamos una herramienta concreta y de aplicación inmediata”, remarcó Torres, en una frase que resume la desesperación de las provincias que enfrentaron solas la primera etapa de la emergencia, con recursos locales insuficientes y sin la coordinación federal que debería activarse automáticamente en este tipo de catástrofes.
El DNU: ¿solución técnica o parche político?
El instrumento elegido —un Decreto de Necesidad y Urgencia— habilita partidas extraordinarias y coordina acciones entre nación, provincias y municipios, pero también evita el debate parlamentario que hubiera ocurrido si se tratara por la vía legislativa ordinaria. Este mecanismo, aunque ágil, plantea interrogantes sobre la transparencia en la asignación de recursos y el control posterior de los fondos.
La medida busca frenar los focos activos, asistir a comunidades afectadas y avanzar en la restauración de áreas dañadas, pero llega cuando el daño ecológico y social ya es monumental. Las comunidades evacuadas, los productores rurales arruinados y los ecosistemas destruidos enfrentan ahora un camino de recuperación que será largo y costoso.
Las víctimas de la demora
Mientras el vocero presidencial, Manuel Adorni, confirmaba la firma del decreto en la noche del jueves, miles de personas en la Patagonia ya habían perdido sus hogares, sus medios de vida y su entorno natural. La declaración de emergencia post facto no compensa la falta de prevención, la insuficiente inversión en sistemas de alerta temprana ni la descoordinación inicial entre las distintas jurisdicciones.
El caso expone una falla estructural en la política ambiental y de gestión de riesgos: el gobierno central actúa solo cuando la crisis escala a niveles mediáticos y políticos insostenibles, en lugar de implementar políticas preventivas y protocolos de actuación inmediata.
Una emergencia que revela otra emergencia
Más allá de los incendios, esta situación muestra la emergencia de un Estado ausente en la protección de sus territorios y comunidades. La necesidad de que los gobernadores ejerzan presión pública para obtener recursos básicos en medio de una catástrofe habla de una fractura en el federalismo real y de la primacía de la política sobre la técnica en la gestión de crisis.
La Patagonia arde, y la respuesta nacional llegó solo cuando las llamas ya habían devorado paisajes enteros y la paciencia de los afectados se había convertido en indignación colectiva. La pregunta que queda flotando es: ¿Cuántas hectáreas más deberán quemarse y cuántas comunidades deberán sufrir para que las próximas emergencias encuentren un Estado presente a tiempo?
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


