La Patagonia arde: apagan 22 focos, pero el fuego sigue vivo y ya arrasó casi 12 mil hectáreas.
13.01.2026
El Gobierno mostró avances en el combate a los incendios en Chubut, pero los focos más críticos siguen activos en la cordillera. Brigadistas al límite, clima adverso y una región que vuelve a quedar expuesta a un escenario que se repite cada verano.
🔥 La Patagonia arde: apagan 22 focos, pero el fuego sigue vivo y ya arrasó casi 12 mil hectáreas.
El Gobierno mostró avances en el combate a los incendios en Chubut, pero los focos más críticos siguen activos en la cordillera. Brigadistas al límite, clima adverso y una región que vuelve a quedar expuesta a un escenario que se repite cada verano.
🧭 El Gobierno nacional salió a comunicar resultados en medio de la emergencia: 22 de los 32 focos detectados en Chubut fueron extinguidos, según informó el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, en su cuenta de la red social X. El mensaje buscó instalar control, coordinación y capacidad de respuesta. La narrativa oficial se apoyó en un dato clave: 295 brigadistas desplegados en la región patagónica, trabajando en conjunto entre Nación y Provincia.
Pero la foto completa es más compleja. Los focos más difíciles siguen activos en la zona cordillerana, especialmente en Puerto Patriada, Epuyén, El Hoyo y áreas rurales cercanas, donde el fuego ya consumió casi 12.000 hectárea. La estructura estatal vuelve a mostrar sus límites: prevención insuficiente, inversión intermitente, precarización laboral y un clima que se vuelve cada vez más extremo.
La política aparece en segundo plano, pero late en cada decisión: ¿cómo se financia la prevención?, ¿qué rol tienen las provincias?, ¿qué capacidad real tiene Nación para sostener operativos prolongados?, ¿qué pasa con los fondos ambientales? La emergencia vuelve a exponer una deuda estructural.
Clima social y voces que no entran en los partes oficiales
En la cordillera, la sensación es otra. Los brigadistas trabajan al borde del agotamiento, con jornadas que se estiran entre humo, ceniza y un viento que cambia de dirección como si jugara en contra. Las comunidades rurales viven con la incertidumbre de siempre: si el fuego avanza, no hay mucho más que hacer que esperar, preparar el bolso y rezar para que no cambie el viento.
En los pueblos, la conversación es más cruda y más honesta:
¿Por qué cada verano se repite la misma postal?
La respuesta aparece entre líneas: sequía prolongada, falta de planificación, desmontes, loteos, presión inmobiliaria y un Estado que llega tarde a la prevención pero corre detrás de la emergencia.
La cordillera vive entre dos fuegos: el literal y el político. Y en el medio, la gente.
Cambio climático falta de prevención y brigadistas sin respuesta perdidas ambientales que se repiten año tras año.
La posta es simple: Cambio climático falta de prevención y brigadistas sin respuesta perdidas ambientales que se repiten año tras año.
Se apagaron varios focos, sí, pero el incendio grosso sigue ahí, vivo y jodiendo. Y mientras se sacan fotos anunciando “22 de 32 focos controlados”, la cordillera está respirando humo y los brigadistas se están rompiendo el lomo para que el fuego no se coma más monte.
Casi 12 mil hectáreas hechas carbón. Casas en riesgo. Animales muertos. Vecinos con el bolso listo por si hay que salir rajando. Y un clima que no ayuda: calor, viento y sequía. La Patagonia otra vez en la misma película.
Acá no hay épica: hay laburo, cansancio y un territorio que pide auxilio hace años.
La noticia oficial muestra avances, pero la realidad en el territorio sigue siendo frágil. La Patagonia vuelve a quedar expuesta a un combo que ya conocemos: cambio climático, falta de prevención y una estructura estatal que reacciona más de lo que anticipa. Los brigadistas hacen lo imposible; el fuego, lo suyo. Y la región, una vez más, paga el costo.
La pregunta que queda flotando —y que ningún parte oficial responde— es la misma de todos los veranos:
¿Cuánto más puede resistir la Patagonia antes de que la emergencia se vuelva permanente?
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


