Se fueron del Mundial a los gritos: Inglaterra 6–4 Francia y Mbappé
19.07.2026
El seleccionado inglés se subió al podio en el Hard Rock Stadium de Miami tras imponerse en el partido por el tercer lugar con más goles en la historia del torneo. Kylian Mbappé anotó un doblete y se convirtió en el máximo goleador histórico de las Copas del Mundo con 22 tantos.
Inglaterra venció 6-4 a Francia y se quedó con el tercer puesto del Mundial 2026
Inglaterra
FranciaBukayo Saka
Hat-trick del delantero inglés para asegurar el podio de su selección
22 Goles
Kylian Mbappé es el máximo goleador histórico de los Mundiales
10 Tantos
Récord histórico de goles en un partido por el tercer puesto
La selección de fútbol de Inglaterra derrotó por 6 a 4 a su par de Francia en el Estadio de Miami y se adjudicó la medalla de bronce de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Con este resultado, el conjunto británico obtuvo su mejor posición en el certamen desde la obtención del título en 1966, mientras que el equipo dirigido por Didier Deschamps finalizó en la cuarta colocación del torneo.
El equipo inglés sacó una ventaja de cuatro goles durante el primer período. Declan Rice inauguró el marcador a los 3 minutos con un remate de media distancia, seguido por un cabezazo de Ezri Konsa a los 18 minutos tras un tiro de esquina. Posteriormente, Bukayo Saka amplió la diferencia con dos anotaciones: la primera a los 37 minutos luego de un contraataque y la segunda a los 45+1 minutos tras recibir una asistencia de Eberechi Eze.
En el segundo tiempo, Francia descontó por intermedio de Kylian Mbappé a los 48 minutos y de Bradley Barcola a los 54 minutos. A los 66 minutos, Mbappé marcó su segundo tanto personal, con el cual alcanzó la cifra de 22 goles en su trayectoria mundialista, superando el récord previo de Lionel Messi (21 goles) como el máximo anotador en la historia de la competición.
Inglaterra contuvo el avance francés a los 87 minutos mediante un tiro penal ejecutado por Bukayo Saka, quien completó su triplete reglamentario. En el tiempo de descuento, Ousmane Dembélé anotó el cuarto gol galo a los 90+6 minutos, y Jude Bellingham selló el 6-4 definitivo a los 90+8 minutos tras una acción individual dentro del área rival. El encuentro se consolidó como el partido por el tercer puesto con mayor cantidad de goles en la historia de los Mundiales, superando el registro de 1958 entre Francia y Alemania Federal (6-3).
“Diez goles para cerrar un Mundial: Inglaterra y Francia jugaron el partido que nadie esperaba”.
En un estadio que parecía no entender lo que estaba viendo, Inglaterra y Francia se regalaron un 6–4 inolvidable. No fue solo un partido por el tercer puesto: fue una despedida desbordada de emoción, errores, ráfagas y un Mbappé que, aun en la derrota, escribió historia al convertirse en el máximo goleador de todos los tiempos en los Mundiales.
Hay partidos que no se explican con táctica ni con estadísticas. Se explican con la cara de la gente. Con ese gesto de “¿qué está pasando?” que se repetía en cada tribuna mientras los goles caían como si el Mundial se hubiera convertido, por un rato, en un recreo de barrio. Inglaterra y Francia jugaron un 6–4 que desacomodó a todos: a los hinchas, a los relatores, a los propios jugadores. Nadie llegó preparado para eso.
El primer impacto fue emocional, no futbolístico. Cada gol cambiaba el ánimo del estadio como si fuera una montaña rusa: gritos, risas nerviosas, manos en la cabeza, abrazos entre desconocidos. No había tiempo para procesar nada. Francia golpeaba, Inglaterra respondía, Francia volvía a meterse en partido, Inglaterra contestaba con una furia inesperada. Diez goles en un duelo mundialista que, en teoría, debía ser serio, medido, casi protocolar. Pero no: fue un caos hermoso.
En medio de ese torbellino apareció él. Mbappé. Con la calma de quien ya sabe que está escribiendo su propia leyenda. Marcó dos goles, llegó a 22 en Mundiales y superó a Messi. No lo celebró con euforia; lo celebró con esa mezcla de alivio y orgullo que tienen los jugadores cuando entienden que acaban de tocar un récord que parecía intocable. Aunque Francia perdía, aunque el partido se escapaba, su gesto era el de alguien que sabe que dejó una marca para siempre.
Inglaterra, por su parte, jugó como si quisiera sacarse una bronca acumulada. Cada ataque era una sentencia. Cada recuperación, un golpe directo. Sus seis goles no fueron casualidad: fueron una declaración. Querían ese podio, querían cerrar el Mundial con una sonrisa, querían demostrar que su generación todavía tiene algo para decir.
Cuando el árbitro pitó el final, no hubo silencio. Hubo aplausos. Aplausos largos, sinceros, de esos que reconocen que lo que se vio no se repetirá pronto. Los jugadores se abrazaron como si hubieran compartido una experiencia más cercana a una aventura que a un partido. Y el público se quedó unos segundos más, intentando guardar en la memoria un partido que rompió todas las reglas.
No fue un tercer puesto. Fue un recuerdo. De esos que duran más que un título.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


