DIALOGO ECUMENICO Y RELIGIOSO

Francisco irá al Coliseo para la Oración por la Paz promovida por San Egidio

27.09.2021

La tarde del 7 de octubre, el Papa Francisco participará en la clausura del encuentro internacional "Pueblos hermanos, Tierra futura. Religiones y culturas en diálogo". En este contexto Marco Impagliazzo declara a Vatican News: "La presencia del Papa es una gran alegría. La Encíclica Fratelli tutti, en una época con pocos discursos de referencia, sigue siendo un documento de referencia también para los dirigentes políticos".

El director de la Oficina de Prensa del Vaticano ha informado que el Santo Padre participará en la ceremonia final del Encuentro de Oración por la Paz organizado por la Comunidad de San Egidio, en la tarde del jueves 7 de octubre en la plaza junto al Coliseo, Encuentro que se presenta hoy en su 35ª edición.

 

 

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El título es "Pueblos hermanos, tierra futura. Religiones y culturas en diálogo" y, como tradición, forma parte del "espíritu de Asís" que ha operado después de la histórica jornada deseada por Juan Pablo II en 1986. El evento, que se celebrará los días 6 y 7 de octubre, reunirá a las grandes religiones del mundo después de un año dominado por la crisis sanitaria provocada por la pandemia del Covid-19, pero también por los demasiados conflictos que siguen existiendo en muchas partes del mundo. 

Se celebrarán cuatro foros en Roma, en el centro de congresos Nuvola, en la zona romana del EUR, con líderes de las religiones, del mundo de la cultura y de las instituciones de diferentes continentes. En este contexto Marco Impagliazzo, Presidente de la Comunidad de San Egidio, expresa su alegría por esta presencia:

- ¿Cómo reciben la noticia de la presencia del Papa para sellar vuestro encuentro?

Por supuesto, acogemos esta noticia con gran alegría. El Papa ha guiado-permítanme decirlo- el mundo durante la pandemia. Su ya famoso discurso, el 27 de marzo de 2020, sobre la crisis y la pandemia y cómo salir de ella, es un poco la guía para nuestro encuentro. Ya el año pasado hubo una edición abreviada de esta Oración por la Paz en el Capitolio, con la presencia del Santo Padre, y se tituló "Nadie se salva solo". Esta nueva Oración por la Paz, esta vez con un mayor número de participantes dado el descenso de casos en la pandemia, quiere seguir en esa línea: no nos salvamos por nosotros mismos, sino también los pueblos hermanos y la Tierra Futura, es decir, una mirada a la fraternidad universal y a las crisis medioambientales, es decir, cómo trabajar por un mundo que respete el medio ambiente y prepare un futuro para nuestros hijos y nietos.

- Ha pasado un año desde la publicación de la encíclica papal Fratelli tutti. En su opinión, ¿qué brecha ha abierto este documento en el mundo, en los diferentes pueblos, culturas y credos?

En primer lugar, diría que es un texto de referencia que apunta al futuro del mundo, porque la pandemia ha demostrado que ni los pueblos ni los individuos van solos a ninguna parte. Seguimos en una situación de extrema fragilidad. La única respuesta que se puede dar después de esta grave crisis es precisamente la de caminar juntos y construir las bases de una fraternidad universal, naturalmente cada uno en su diversidad, pero unidos, teniendo en cuenta y pensando sobre todo en aquellos pueblos y en aquellas personas que están en mayor dificultad y que hasta ahora han sido -en cierto sentido- marginados o descartados por las grandes sociedades mundiales. Por lo tanto, esta encíclica es realmente la base para construir el mundo de mañana en un sentido positivo.

- En su opinión, ¿han sido interpelados por esta encíclica los dirigentes políticos de los principales países del mundo?

Creo que sí, porque en el mundo actual no hay grandes discursos de referencia. Siempre se habla mucho del presente o el razonamiento es principalmente a nivel económico, aunque hay una nueva sensibilidad ambiental, como lo demuestra la próxima COP en Glasgow. Por eso San Egidio reúne a los representantes de las grandes religiones del mundo, tratando de llevar a todos hacia este sueño y diseño de fraternidad, que es el único camino: primero, para detener la espiral de violencia, guerras y terrorismo en el mundo, porque todavía hay miles de muertos. En segundo lugar, porque las religiones que en cierto sentido se convierten en hermanas pueden hacer una gran contribución a un nuevo cuidado del medio ambiente. Pienso, entre ellos, en la gran labor del Patriarca Ecuménico Bartolomé, que lleva años insistiendo en esta cuestión y que estará entre los protagonistas del Encuentro de Roma.

- ¿Cómo afecta la crisis afgana a las actividades de Sant Egidio? ¿En qué medida, en su opinión, es realmente posible un diálogo con los talibanes?

Nos cuestiona dos puntos esenciales: la inutilidad de la guerra. Es una prueba más -esta crisis afgana- de que la guerra es una matanza inútil, como decía Benedicto XV: "Es una aventura sin retorno", como repetía San Juan Pablo II, y que por tanto no se puede ayudar a un pueblo con la guerra.

El segundo es el de los migrantes: la crisis afgana ha demostrado una vez más que las migraciones son forzadas, en este mundo, debido a las grandes crisis internacionales y a las crisis medioambientales. Y la guerra ha impulsado a tantos a huir de su país y vuelve a llamar nuestra atención sobre lo que significa acoger e integrar a los inmigrantes en nuestras sociedades occidentales.

En tercer lugar, Afganistán es un país que no debe ser olvidado: no hay pueblos ni países en el mundo que deban ser dejados solos. Por supuesto, siempre que estos pueblos o quienes los gobiernan, tengan la intención -digamos- de colaborar, de abrirse al mundo. Por ello, el llamamiento a los afganos es que no se cierren a un diálogo, a un encuentro, con otros pueblos.

- África es la gran ausente en el G20. ¿Cómo se efectúa el gran rescate de este continente, por la que San Egidio está trabajando mucho?

Yo diría que África es la gran desconocida: la gente del Norte del mundo no ha entendido el gran cambio que se está produciendo en África, porque África ha entrado en la época de la globalización. Los jóvenes africanos, muchos de los cuales vemos entre los migrantes que llegan a Occidente, nos plantean una pregunta: ¿cómo podrán desarrollarse nuestros países? ¿Cómo podemos desarrollar una nueva clase dirigente libre de corrupción? ¿Cómo incluir a los grandes pueblos africanos en el desarrollo del mundo? Y África no debe quedarse sola en una nueva asociación que debe construirse.

 

Fuente: Vactican News

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