La política y la Scaloneta: una narrativa que se cayó en tiempo real
16.07.2026
La semifinal del Mundial no solo se jugó en Atlanta: también se jugó en la política argentina. Y el resultado, como en la cancha, dejó expuesto quién quedó del lado incómodo del relato.
EDITORIAL | La política y la Scaloneta: una narrativa que se cayó en tiempo real
Por José María Barretta
Durante días, el oficialismo intentó instalar una idea tan forzada como persistente: “el peronismo quiere que la Selección pierda”. La consigna circuló en redes, se amplificó en programas de radio y televisión y se repitió como un mantra en cuentas afines al gobierno. Pero la narrativa duró lo que duran los relatos sin sustento: hasta que la realidad los desmiente.
Porque apenas Argentina venció a Inglaterra, la reacción fue inmediata y transversal. Dirigentes del peronismo, del progresismo, de la izquierda y de espacios opositores que suelen diferir entre sí celebraron sin matices la clasificación. No hubo silencio, no hubo cálculo, no hubo especulación. Hubo alegría. Y hubo Malvinas.
CFK y un gesto que ordenó la escena
La imagen que sintetizó la noche fue la de Cristina Fernández de Kirchner saliendo al balcón de San José 1111, rodeada de vecinos, con un sweater celeste y una proyección en la pared que decía: “Son argentinas”. No fue un gesto improvisado: fue un mensaje político, simbólico y emocional que conectó con la memoria colectiva y con el clima social que atravesó el partido.
Mientras FIFA prohibía banderas alusivas a Malvinas —con el aval de la ministra Alejandra Monteoliva— la expresidenta eligió mostrar el símbolo que miles de hinchas no pudieron ingresar al estadio. Y lo hizo desde un espacio que siempre tuvo peso político: el balcón.
La bandera de los jugadores: el puente entre la calle y la política
La escena en Atlanta fue igual de contundente. Lo Celso, Lisandro Martínez y todo el plantel desplegaron la bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas”. Ese gesto se convirtió en el eje común entre la calle y la dirigencia. Lo que FIFA quiso evitar dentro del estadio terminó multiplicado en redes, en balcones, en plazas y en la política.
La bandera funcionó como un puente emocional que unió a sectores que habitualmente discuten entre sí: PJ, Evita, FIT, MAS. Todos celebraron. Todos reivindicaron. Todos se apropiaron del símbolo.
Una oposición cohesionada por la emoción
La oposición mostró algo que pocas veces se ve en tiempos de polarización: cohesión emocional. No fue un comunicado ni una foto de unidad. Fue algo más profundo: una reacción espontánea, simultánea y compartida. Kicillof, Massa, Trotta, Llaryora, Bregman, Castañeira, Ferraro y decenas de dirigentes expresaron alegría, orgullo y memoria. Cada uno desde su identidad política, pero todos desde el mismo lugar simbólico.
La narrativa oficialista quedó sin aire. La idea de que “los K quieren que la Selección pierda” se evaporó frente a una evidencia imposible de negar: la alegría fue transversal.
El oficialismo, en un lugar incómodo
Mientras la oposición celebraba, el oficialismo quedó atrapado en su propio relato. Voceros libertarios y periodistas afines insistieron con la acusación, incluso después del triunfo. Pero la escena social y política del miércoles mostró otra cosa:
la calle festejó,
la dirigencia opositora festejó,
la Selección reivindicó Malvinas,
y la narrativa oficialista no encontró eco.
El gobierno quedó en un lugar incómodo, defendiendo una hipótesis que no se verificó en la realidad y que terminó contrastando con la potencia simbólica del festejo popular.
Una conclusión inevitable
La semifinal dejó una enseñanza política: cuando juega la Selección, los relatos se ordenan solos. La emoción colectiva desarma operaciones, expone exageraciones y deja en evidencia quién lee el clima social y quién no.
La Scaloneta volvió a unir al país. La bandera volvió a unir a la política. Y la narrativa oficialista quedó en fuera de juego.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


