Electrolux apaga la fábrica, prende la licuadora: más de 100 familias a la calle y otro golpe a la industria
28.04.2026
La multinacional dejó de fabricar heladeras en Argentina y ahora las va a importar, mientras el sector ya perdió 80 mil empleos y la crisis promete ser “permanente”. Otro capítulo del desguace industrial que se lleva puestos trabajadores, producción y futuro.
Electrolux apaga la fábrica, prende la licuadora: más de 100 familias a la calle y otro golpe a la industria
⚡ Electrolux decidió lo que muchas empresas vienen insinuando hace meses: cerrar, despedir y reemplazar producción nacional por importaciones. Más de 100 trabajadores quedaron en la cornisa de un día para el otro, mientras la compañía se acomoda al nuevo clima económico y apaga una línea de fabricación que alguna vez fue orgullo industrial del país. Todo en un sector que ya perdió 80 mil empleos en dos años y donde especialistas advierten que “la crisis va a ser permanente” si no cambia el rumbo productivo Página actual.
La jugada es clara: fabricar acá ya no cierra, importar sale más barato y el costo lo pagan siempre los mismos. Electrolux se suma así a la lista de empresas que abandonan la producción local para transformarse en simples distribuidoras. El resultado es inmediato: menos trabajo, menos industria, menos futuro.
El golpe no es solo para los despedidos. Es para toda la cadena: proveedores, talleres, logística, comercios. Cada fábrica que se apaga es un pedazo de país que se achica. Y mientras tanto, el mercado interno se hunde, el consumo cae y la industria se convierte en un campo minado donde sobrevivir es casi un milagro.
La postal es conocida: primero ajustan, después recortan, después importan. Y cuando la rueda se rompe, la responsabilidad nunca es de ellos. La crisis, dicen, “es del país”. Pero las decisiones que destruyen empleo tienen nombre, apellido y sede corporativa.
Electrolux no es un caso aislado. Es un síntoma. Un aviso. Una señal de alarma de un modelo que desarma fábricas para armar negocios importadores. Y mientras la industria se desangra, las familias quedan atrapadas entre telegramas de despido y promesas vacías.
La pregunta que queda flotando es la de siempre:
¿Cuántas fábricas más tienen que cerrar para que alguien entienda que sin industria no hay país?
Fuente: CONSENSO PATAGONICO

