El negocio detrás del avance petrolero: quién gana y quién pierde en el Atlántico Sur
11.02.2026
Mientras la Patagonia discute el impacto ambiental, avanza un entramado de intereses empresariales, logísticos y geopolíticos que empuja la expansión petrolera hacia la costa. Oleoductos, terminales de aguas profundas y exportaciones a escala global reconfiguran el mapa energético argentino. Pero ¿a qué costo y para quién?
🟥 INVESTIGACIÓN
El negocio detrás del avance petrolero: quién gana y quién pierde en el Atlántico Sur
El avance del proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) no es solo una obra de infraestructura: es una jugada estratégica que involucra a empresas, gobiernos provinciales, actores internacionales y un mercado global que demanda energía a gran escala. La terminal de Punta Colorada, los tanques de almacenamiento y el oleoducto troncal forman parte de un plan que busca convertir a la Argentina en un exportador estable de crudo.
La lógica económica es clara: aumentar la capacidad de transporte, operar con buques VLCC capaces de cargar hasta dos millones de barriles y posicionar al país en el circuito energético global. Pero esa lógica convive con tensiones profundas.
Por un lado, las provincias buscan ingresos, regalías y empleo. Por otro, las comunidades costeras temen perder sus playas, su pesca y su identidad territorial. La instalación de infraestructura petrolera en zonas vírgenes del Atlántico genera un conflicto que no es solo ambiental: es político, económico y cultural.
Los riesgos ambientales —derrames, erosión, ruido submarino, afectación de fauna— están documentados. Pero también existen riesgos económicos: la dependencia de un solo recurso, la vulnerabilidad ante precios internacionales y la posibilidad de que el turismo de naturaleza —uno de los motores de la Patagonia— se vea afectado por la percepción de riesgo.
La pregunta central es quién gana y quién pierde. Las grandes empresas petroleras y los mercados internacionales obtienen beneficios claros. Las provincias reciben ingresos, pero también asumen riesgos ambientales y sociales. Las comunidades costeras, en cambio, enfrentan la posibilidad de perder un patrimonio natural que no tiene reemplazo.
Para comprender la dimensión ambiental de este conflicto, es imprescindible leer la nota complementaria: “Las playas vírgenes del Atlántico en riesgo: el costo ambiental oculto de la expansión petrolera”, enlazada más abajo.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


